Cuando creer no significa negar la realidad, sino enfrentarla con dignidad.
Hay días en los que la fe no se expresa con cánticos ni consignas, sino con decisiones silenciosas. Días en los que el camino se vuelve cuesta arriba y, aun así, se elige seguir. Esta es una reflexión sin adornos, nacida desde la experiencia cotidiana de muchos que creen, luchan y resisten.
Hay días en los que no estamos tristes, ni derrotados, ni agotados. Simplemente estamos cargando.
Cargando pendientes, decisiones pasadas, silencios ajenos, compromisos económicos, expectativas no cumplidas y la presión de tener que responder mientras se busca una salida a las cosas cotidianas de la vida desde el pago de la renta hasta la falta de dinero para resolver una situación de salud. Y aun así, se sigue caminando.
No todos reaccionan como esperamos. No todos acompañan cuando más se necesita. Y no todas las oportunidades del pasado se aprovecharon como debimos. Aceptar estas verdades no es rendirse. Es madurar.

Caminar a pesar de… es una muestra de fe madura.
La fe no fracasa cuando reconocemos la realidad; fracasa cuando se convierte en negación. Hoy, elegir la verdad —aunque nos incomode— es un acto de valentía. No para lamentarnos, sino para ordenarnos por dentro.
Que seamos agradecidos en medio de la incertidumbre no significa celebramos la escasez ni romantizamos la dificultad. Significa reconocemos que, aun sin tener todo resuelto, seguimos de pie. Que hay salud suficiente, fuerzas activas, una mente clara y una fe que no se ha apagado.
No todos los días son de celebración. Algunos son de resistencia consciente. De no destruirse por lo que no fue. De no amargarse por quienes no estuvieron, ni están en estos cruciales momentos. De no rendirse simplemente porque el camino se puso peor.
Hay momentos en los que no se necesitan discursos, sino coherencia: coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Eso es integridad.
Confiar no es cruzarse de brazos. Es mantenernos atentos. Es seguir tocando puertas humanas mientras se espera que Dios abra las suyas. Sin ingenuidad, pero con esperanza firme.
No es maltratarnos a nosotros mismos, cuando las cosas van mal y decidimos seguir creyendo, eso conciencia espiritual.

Si hoy es el día en que algo cambia, habrá disposición para entrar. Y si no, igual seguiremos avanzando.
Porque no se estamos vencidos. Estamos en el proceso.
En tiempos de incertidumbre económica, fragilidad emocional y fe puesta a prueba, resulta urgente recuperar una espiritualidad honesta, que no maquille la realidad ni condene al que lucha en silencio. Creer también es resistir con dignidad.
Julio Rodríguez / Periodista
AE 503 – Periódico Digital
Iniciativa 3: Periodismo Social, Fe y Actitud






