En El Salvador hay una frase que es más que palabras; es pura acción. “Echame culata” o “te voy a echar culata”, le dice uno al otro cuando hay un muro enfrente que parece muy alto. A veces es complicidad, otras es simple humanidad, pero siempre, siempre es impulso.
Hay muros que se suben entre varios, y otros donde basta uno solo que se agache para que el otro alcance la cima.
Ahí entra ella. La conocí en un viaje de Uber. Se hizo madre muy joven y, desde entonces, aprendió a multiplicarse en silencio: en el desayuno de madrugada, en la ropa tendida al sol y en esas noches donde el cansancio pesa mucho más que el propio cuerpo.
El padre de sus hijos se perdió los primeros pasos, los gritos de alegría y esa sonrisa brillante al terminar cada año escolar. Él se lo perdió. Pero ella… ella se quedó para disfrutar la cosecha.
Hoy, sus hijos caminan hacia la universidad con una certeza: nada es regalado, pero todo esfuerzo deja huella. Mientras tanto, ella sale cada mañana a ganarse esos centavos que, sumados, construyen futuro. Renta un carro y lo convierte en su oficina, un espacio donde no solo transporta pasajeros, sino también historias, sueños y un poquito de esperanza.
Sus muchachos aprendieron la lección más importante: la fe mueve las montañas del conocimiento, pero la actitud las coloca justo donde el horizonte cambia.
Un día, ella podrá respirar profundo y sabrá que cumplió. Que fue madre en toda la extensión de la palabra. Que nunca le dijo «no» a las oportunidades de los suyos. Y que, como en la naturaleza, nada de lo que sembró con amor se perdió.
Ella tiene un nombre, pero hoy ese nombre se vuelve colectivo. Hoy, ese nombre es el tuyo, el mío, o el de esa persona que, sin hacer ruido, puso las manos para que nosotros subiéramos el siguiente peldaño. Porque al final, el Señor no busca gente perfecta… busca corazones dispuestos a dejarse perfeccionar en el camino.
El cierre: Nuestra tarea
Ahora nos toca a nosotros. La vida no se trata solo de llegar arriba, sino de quién viene con nosotros.
Tal vez hoy no te toca escalar. Tal vez hoy te toca agacharte, asegurar bien los pies, entrelazar las manos y echar culata.
Hazlo en tu casa con los tuyos, en tu trabajo con el que va empezando, o en tu comunidad con el que se siente estancado. Una sociedad no se levanta sola; se levanta cuando entendemos que el éxito de uno es el impulso que el otro le dio. ¿A quién le vas a echar culata hoy?
Julio Rodríguez, periodista
Iniciativa 3: Periodismo Social, Fe y Actitud






