Los salvadoreños protegidos por el TPS forman parte de una generación migrante que durante un cuarto de siglo ha sostenido hogares, financiado educación, viviendas, alimentación y pequeños negocios en El Salvador. Una investigación del Banco Central llegó a estimar en US$706.2 millones las remesas procedentes de población con TPS en un año.
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Detrás de cada remesa hay una historia.
Puede ser la medicina de una madre, la mensualidad de un estudiante, el recibo de energía eléctrica, los alimentos de una familia, las láminas para terminar una casa o el capital con el que alguien abrió una pequeña tienda.
Por eso, cuando se habla de los aproximadamente 170 mil salvadoreños amparados por el Estatus de Protección Temporal (TPS) en Estados Unidos, existe otra pregunta que pocas veces aparece en el debate migratorio:
¿Cuánto han significado económicamente para El Salvador durante estos 25 años?
No existe una contabilidad que permita sumar, dólar por dólar, todo lo enviado exclusivamente por los beneficiarios del TPS desde que el programa fue concedido a los salvadoreños en 2001.
Pero existen datos que permiten comprender su magnitud.
Una fotografía tomada por el Banco Central
La Sexta Encuesta de Remesas Familiares 2018, elaborada por el Banco Central de Reserva de El Salvador y presentada en 2019, estudió las características de los salvadoreños remitentes desde Estados Unidos, incluyendo su condición migratoria.
El resultado permite dimensionar el peso económico que ya tenía entonces la población protegida por TPS.
Según el BCR, el 14 % de los migrantes encuestados y de las remesas correspondía a población con TPS. El Banco estimó en aproximadamente US$706.2 millones las remesas procedentes de este grupo.
La fecha es importante: hablamos de 2018.
No es una estimación de lo que actualmente envían los tepesianos ni representa el acumulado de los 25 años. Es una fotografía de un momento determinado que, sin embargo, revela algo fundamental: los salvadoreños protegidos por Estados Unidos también llevaban años sosteniendo económicamente a miles de personas que permanecieron en El Salvador.
Pongamos aquellos US$706.2 millones en perspectiva.
Equivalían aproximadamente a US$58.8 millones mensuales, unos US$1.9 millones diarios y cerca de US$80 mil cada hora, si distribuimos la cifra únicamente como ejercicio para comprender su dimensión.
Y eso corresponde a un solo año.
La misma investigación encontró que la remesa promedio había aumentado de US$312 en 2014 a US$398 en 2018, un incremento del 27.3 %. Los remitentes destinaban, en promedio, alrededor del 16.1 % de sus ingresos al envío de remesas.
Detrás de esas cantidades había miles de pequeñas transferencias que funcionaban como una extensión económica de la familia salvadoreña más allá de sus fronteras.
¿Cuánto pudieron enviar durante 25 años?
Aquí debemos hacer una distinción necesaria.
No sería correcto multiplicar US$706.2 millones por 25 y afirmar que los beneficiarios del TPS enviaron esa cantidad.
La población protegida cambió, el número de remitentes no fue siempre el mismo, los salarios aumentaron y las cantidades enviadas variaron. Tampoco todos los actuales beneficiarios estuvieron necesariamente remesando durante los 25 años.
Por eso no existe una cifra oficial del aporte acumulado de los tepesianos entre 2001 y 2026.
Podemos, sin embargo, realizar un ejercicio matemático para comprender el orden de magnitud.
Si tomáramos como referencia una población de 170 mil personas y supusiéramos un envío promedio de solamente US$300 mensuales, serían US$3,600 anuales por persona.
En 25 años representarían US$90 mil.
Multiplicados por 170 mil personas, el resultado superaría los:
US$15 MIL MILLONES.
La advertencia es indispensable: US$15 mil millones no constituye una estadística oficial. Es solamente un escenario ilustrativo.
Pero el dato documental del BCR sí permite sostener algo con bastante mayor seguridad: el aporte acumulado de esta población durante un cuarto de siglo se mide, indudablemente, en miles de millones de dólares.
Ya solamente en 2018, el Banco Central estimaba US$706.2 millones.
Una economía construida dólar a dólar
Hay otra manera de observar estos 25 años.
Quien enviaba US$200 o US$300 mensuales probablemente nunca pensó que estaba contribuyendo a una de las principales variables de la economía salvadoreña.
Pensaba en su madre, sus hijos, una deuda, reparar el techo, comprar alimentos o ayudar a un hermano.
Pero cuando miles de pequeñas transferencias se juntan durante meses, años y décadas, terminan convirtiéndose en miles de millones.
Ese dinero llega a una familia, pero después pasa al supermercado, la farmacia, la ferretería, el transporte, la escuela, la universidad, la construcción y los pequeños negocios.
La remesa comienza en un hogar, pero termina circulando por buena parte de la economía.
Los estudios del Banco Central también permiten ponerle rostro al remitente. Una investigación encontró que ocho de cada diez salvadoreños estudiados trabajaban en el sector servicios, destacándose actividades como construcción, restaurantes, hoteles y limpieza.
Hay una imagen poderosa detrás de ese dato.
Buena parte del dinero que durante años llegó a El Salvador fue producido por compatriotas trabajando en cocinas, construcciones, hoteles y empresas de limpieza.
No eran necesariamente grandes inversionistas.
Eran trabajadores.
Y una parte de sus salarios cruzaba cada mes miles de kilómetros para convertirse en comida, educación, salud o vivienda para alguien en El Salvador.
Mucho más que dólares
El aporte tampoco puede medirse únicamente por las transferencias financieras.
Los migrantes enviaron ropa, zapatos, electrodomésticos, juguetes, perfumes y otros bienes. Investigaciones del Banco Central han estudiado también estas denominadas remesas en especie.
A ello debemos agregar algo todavía más difícil de contabilizar: el patrimonio construido durante un cuarto de siglo.
Casas levantadas poco a poco.
Terrenos comprados.
Pequeños negocios familiares.
Carreras universitarias financiadas desde Estados Unidos.
Tratamientos médicos.
Emergencias familiares.
Incluso gastos funerarios.
Las madres han figurado entre las principales receptoras de remesas, junto con hijos y hermanos.
De manera que detrás del beneficiario del TPS que trabaja en Estados Unidos existe muchas veces una red familiar que comienza allá y termina en algún municipio salvadoreño.
La pregunta que ahora debe hacerse El Salvador
Durante años preguntamos:
¿Cuánto dinero envían los salvadoreños desde Estados Unidos?
Ante la incertidumbre que vuelve a rodear al TPS en 2026, quizá corresponda formular una pregunta diferente:
¿qué ocurriría en El Salvador si una parte importante de estos trabajadores perdiera su capacidad de continuar trabajando legalmente y enviando esos ingresos?
Entonces dejaríamos de estar frente a un asunto exclusivamente migratorio.
Sería también familiar, social y económico.
Porque detrás de aproximadamente 170 mil beneficiarios existen padres, madres, hijos, hermanos y otras personas en El Salvador vinculadas directa o indirectamente a esos ingresos.
Y hay otra realidad: después de 25 años, muchos beneficiarios tampoco son los jóvenes que originalmente recibieron aquella protección.
Envejecieron trabajando.
Formaron familias.
Compraron viviendas.
Tuvieron hijos.
Construyeron una vida en Estados Unidos mientras continuaban sosteniendo otra parte de su vida en El Salvador.
25 años después
Los terremotos de enero y febrero de 2001 destruyeron viviendas, carreteras y comunidades.
De aquella tragedia nació la designación del TPS para los salvadoreños.
Lo que probablemente nadie imaginó entonces es que aquella protección denominada temporal terminaría acompañando durante un cuarto de siglo a toda una generación.
Mientras Estados Unidos les permitió trabajar, ellos también ayudaron a sostener a El Salvador.
Lo hicieron silenciosamente.
Una transferencia a la vez.
US$100.
US$200.
US$300.
La medicina de mamá.
La universidad del hijo.
El techo de la casa.
El recibo de electricidad.
La cuota del terreno.
Hasta que aquellos pequeños envíos se convirtieron en cientos de millones y, acumuladamente, en miles de millones de dólares.
Quizá por eso, después de 25 años, las tres letras TPS significan cosas diferentes dependiendo de dónde se lean.
En Estados Unidos representan un estatus migratorio temporal.
Para miles de hogares salvadoreños significaron algo mucho más sencillo:
el dinero que cada mes mandaba alguien de la familia.
AE503 | EL DATO
US$706.2 MILLONES
Fue el monto de remesas que la Sexta Encuesta de Remesas Familiares 2018 del Banco Central de Reserva, presentada en 2019, atribuyó a población salvadoreña con TPS. Representaba aproximadamente el 14 % de los migrantes encuestados y de las remesas analizadas.
Importante: la cifra corresponde a 2018. No existe una estadística oficial que determine cuánto enviaron acumuladamente los beneficiarios del TPS durante los 25 años del programa. El escenario superior a US$15 mil millones utilizado en este reportaje es un ejercicio matemático ilustrativo y no un dato oficial.






