La historia de Santiago Padilla, el niño que sobrevivió a la pobreza, la violencia y hoy construye futuro desde los bienes raíces

“En mi casa el menú era huevo picado en la mañana, huevo estrellado al mediodía y torta de huevo en la noche.”
— Santiago Padilla

Por Julio Rodríguez / Redacción AE 503

Hay historias de éxito que empiezan en universidades, oficinas o empresas familiares.

La de Santiago Hedilberto Padilla empezó mucho antes. Empezó con hambre.

Hoy, a sus 41 años, dirige SHP Service S.A. de C.V. (Solución Habitacional Profesional), una empresa dedicada al asesoramiento inmobiliario en El Salvador.Pero llegar a ese punto tomó casi tres décadas de lucha, trabajo temprano y decisiones difíciles.

Una vida que comenzó cuando todavía era un niño.

UN NIÑO TRABAJANDO A LOS 12

Santiago empezó a trabajar a los doce años. No porque quisiera. Porque en su casa era necesario. Vivía con su madre, una mujer que criaba sola a tres hijos con un salario mínimo. Uno de sus hermanos había emigrado a Estados Unidos y el otro ya había formado su propio hogar.

Quedaron solo madre e hijo. La economía apenas alcanzaba para sobrevivir. —Buscaba la forma de ayudar —recuerda.

Hoy Santiago Padilla despues de pasar por la cruda realidad de su infancia. es un empesario

Su primer trabajo fue como ayudante de repartidor de productos de consumo masivo. Subía a los camiones, recorría colonias, entregaba pedidos, cambiaba productos vencidos y ayudaba a ordenar mercancía. Era apenas un niño.

EL MENÚ DE LA POBREZA

Los recuerdos de esa época no son abstractos. Son concretos. El menú de la casa, por ejemplo. —En la mañana huevo picado, al mediodía huevo estrellado y en la noche torta de huevo.

La misma proteína tres veces al día. A veces incluso había que improvisar. —Hasta cortaba hojas de madre cacao para revolverlas con el huevo.

Las oficinas distan mucho del hogar en que creció.

No había televisión. No había radio. No había refrigeradora. Y muchas veces el hambre se calmaba gracias a la solidaridad de una vecina llamada Doña Elba.

El recuerdo de mamá Elba como él le sigue llamando cuando le habla por telefono a los Estados Unidos humeden sus ojos claros y las lágrimas brotan como un manantial de agua cristalina. No es de tristeza, es la emoción de lo que viví, dice Santiago

Es que dice Padilla que cuando el visitaba la casa de doña Elba para ver televisión con sus hijos y llegaba la hora de comer, el siempre empezaba a buscar la salida y decía con un nudo en la gargante “ya vengo niña Elba”, inmediatamente ello lo detenía y le decía “niño quedate que tambien vas a comer”.

Muchas veces ella me quitó el hambre. Hasta hoy le digo mamá.

EL DISPARO QUE MARCÓ SU VIDA

Pero la pobreza no fue lo único que marcó su infancia. También la violencia. Santiago recuerda con claridad el día en que un hombre, pareja de su madre, llegó borracho a la casa. Hubo una discusión. Y luego el sonido de un disparo.

El hombre había accionado una pistola calibre .38. La bala atravesó la pierna de su madre. Santiago estaba en la sala. Era un niño viendo cómo la violencia entraba a su hogar.

Eso generó odio, resentimiento y sed de venganza.

El tiempo y su conversión al cristianismo le permitió ser libre eso, confiesa hoy

EL MUCHACHO QUE LAVABA BAÑOS

Santiago acariciaba un gran logro en su vida, se había graduado de bachiller. Su madre orgullosa de él y él con la esperanza de que su situación laboral mejoraría mucho mas para ayudarle más.

Y entonces el logro academico llegó con regalo. A los 18 años consiguió su primer empleo formal. Fue en Biggest, una cadena de restaurantes de hamburguesas muy popular en los años noventa.

Ahora Santiago Padilla trabaja en grandes proyectos y la consolidacion de su empresa SHP Solucionaes

Su trabajo era sencillo: Lavar platos, limpiar baños, trapear pisos, ero cada día se repetía una frase: —Yo no voy a hacer esto toda mi vida. Se lo decía a sí mismo.

Se lo decía a su madre. Y lo cumplió.

Con disciplina fue creciendo dentro del mundo laboral. Primero como entrenador junior en el restaurante, luego como gerente de restaurante, después supervisor de once cafeterías en Grupo Los Teques, más tarde trabajando en el sector de combustibles y posteriormente como gerente de ventas en una empresa de repuestos automotrices.

EL SALTO AL EMPRENDIMIENTO       

En los caprichos de la vida, de esos que no anuncian su llegada, aunque no hayan razones departe de las personas para que ocurran. En 2018 su vida tuvo un giro inesperado. Un recorte de personal lo dejó sin trabajo.

Lo que para muchos habría sido una tragedia., para Santiago fue el inicio de un nuevo camino. Un amigo le habló del negocio inmobiliario. El comienzo no fue fácil. Durante seis meses no logró vender nada. Estuvo a punto de abandonar. Pero insistió. Aprendió el oficio. Se capacitó. Entendió el mercado. Y ocho años después consolidó su propia empresa: SHP Service — Solución Habitacional Profesional, curiosamente como que ya estaba marcado para el éxito, son las iniciales de su nombre Santiago Heriberto Padilla.

La empresda de Padilla ahora no solo se especializa en la venta, compra y alquiler de propiedades, sino también administra y gestiona espacios de Airbnb. Adem;as, asesora proyectos de soluciones habitacionales y desarrollo de centros comerciales. Su cartera de clientes supera con creces el efuerzo de hace siete años y ahora ya prepara a su familia para que sus hijos puedan heredar un legado que nació del hambre y ha llegado a convertirse en una empresa en crecimiento.

EL CAMBIO INTERIOR

Los hábitos cambiaron, recuerda bien claro como que fue ayer.

Hoy no solo ve para arriba su proyectos crecer, su legado y sus sueños, sino tambien de donde viene su socorro y donde llega su agradecimiento: al cielo donde habita el altisimo.

El entorno cambió. La mentalidad cambió. Años después, también encontró apoyo espiritual y formación de liderazgo en la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo (FIHNEC). Un espacio donde —dice— aprendió que el verdadero éxito no es solo prosperar económicamente. Es también ordenar la vida y servir a otros.

EL HOMBRE QUE YA NO TIENE TEMOR

Cuando Santiago mira hacia atrás, no habla desde el resentimiento. Habla desde la convicción. —Todo eso valió la pena. La pobreza. El hambre. Las amenazas. La violencia. —Porque ahora no le tengo temor a nada. Hace una pausa. Y concluye:

Solo a Dios.

Historias como la de Santiago Padilla recuerdan que en El Salvador miles de niños crecieron entre pobreza, violencia y carencias. Muchos se perdieron en el camino.

Otros resistieron. Y algunos decidieron construir un destino distinto. No porque la vida fuera fácil. Sino porque eligieron creer y actuar.

A veces la diferencia entre perderse o levantarse no está en el lugar donde nacimos… sino en la fe que sostenemos y la actitud con la que enfrentamos la vida.