Por Julio Rodríguez / Periodista

Periodico AE 503

“La emoción te traiciona”, me dijo Sergio Gallardo aquella mañana.

Estaba sentado en la primera fila de un salón del Círculo Deportivo Internacional, escuchando el testimonio que yo compartía sobre resiliencia. Su salud ya comenzaba a deteriorarse, pero su actitud seguía siendo la de siempre: firme, atento, con esa mezcla de serenidad y picardía que lo caracterizaba.

—Ponte más cerca el micrófono para escucharte mejor —me sugirió—. La emoción de contar lo que el Señor hizo en tu vida te traiciona.

Sergio estaba ahí como oyente, en un desayuno de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo (FIHNEC). Hablaba con la convicción de alguien que había puesto su vida —y también su enfermedad— en manos de Dios.

Esa breve conversación me llevó de golpe 33 años atrás. Cuando yo tenía 24 años y llegaba como joven reportero al noticiero “Al Día” de Canal 12, propiedad entonces de Jorge Zedán, me encontré con una generación de profesionales curtidos en el oficio televisivo. Entre ellos estaba Sergio Gallardo.

Ya tenía nombre propio en la pantalla y conducía el segmento deportivo. Lo recuerdo seguro de sí mismo, bromista, siempre sonriendo, siempre molestando a alguien en la redacción. Alto, vestido entre casual y formal, preparando sus notas con la naturalidad de quien sabía perfectamente lo que hacía. Esa imagen se me quedó grabada.

Con los años le perdí la pista directa, aunque de vez en cuando lo escuchaba en la radio o en otros proyectos. Pero hubo un espacio que siguió marcando su presencia en el imaginario popular:

“Oye Sergio… ¿Cómo quedaron?”

Un programa que lo hizo todavía más conocido y que, como suele ocurrir en el mundo del espectáculo, le trajo amigos, admiradores y también adversarios. Señal de que estaba jugando el partido.

Su legado

La radio y la televisión salvadoreña amanecieron hoy con una noticia que marca el final de una época: ha fallecido el locutor y presentador Sergio Gallardo, una de las voces más reconocibles del periodismo deportivo del país.

Tenía 74 años y enfrentaba desde hace meses una dura batalla contra el cáncer, enfermedad que fue deteriorando su salud mientras colegas, amigos y seguidores impulsaban campañas de solidaridad para apoyarlo en su tratamiento.

Pero más allá de la enfermedad, lo que queda es la memoria de una voz. Una voz que durante décadas ayudó a contar el deporte salvadoreño.


Una voz que marcó épocaSergio Gallardo Del Cid fue una figura emblemática del periodismo deportivo en El Salvador. Nació en Guatemala, pero desarrolló prácticamente toda su carrera profesional en territorio salvadoreño, país que adoptó como propio.

Durante más de cuatro décadas en los medios, se convirtió en referencia obligada de la narración deportiva, con un estilo cercano, apasionado y didáctico que conectaba fácilmente con la audiencia.

Su nombre quedó ligado especialmente a programas como:

“¿Cómo Quedaron?”, uno de los espacios deportivos más recordados de la televisión salvadoreña.
“1900 Ayer”, dedicado a comentar la actualidad y la memoria de la música.

En una época sin redes sociales ni aplicaciones deportivas, estos programas eran para miles de salvadoreños la manera de enterarse de los resultados, las polémicas y las historias detrás del fútbol o de la música. Gallardo no solo informaba. Interpretaba el deporte y el color de la música


De la cabina al imaginario colectivo

Quienes lo escucharon recuerdan su capacidad para convertir un marcador en conversación.

Su voz formó parte de una generación de comunicadores que ayudó a construir la cultura deportiva del país, cuando la radio y la televisión eran todavía el gran punto de encuentro de la afición o los fanáticos de la música sesentera hasta los noventa.

Antes de consolidarse en televisión, también trabajó como locutor y DJ en radio, etapa que le permitió desarrollar ese estilo cercano al público que luego lo haría tan reconocible.

Con el paso de los años, Sergio Gallardo terminó convirtiéndose en una institución del periodismo deportivo salvadoreño, respetado tanto por colegas como por oyentes.


El adiós de una generación

La muerte de Sergio Gallardo se suma a la partida de varias figuras que protagonizaron lo que muchos consideran la época dorada de la televisión salvadoreña, cuando los presentadores no eran solo conductores de programas, sino referentes culturales para el país.

Su legado no está únicamente en los espacios que condujo.También vive en las generaciones de periodistas deportivos que crecieron escuchándolo.


Pitazo final y último turno del DJ

La vida, como el fútbol, se juega en dos tiempos. Hay días de goleada, días de derrota y partidos que parecen no terminar nunca. Sergio Gallardo jugó el suyo completo. Comentó resultados durante décadas, pero al final le tocó narrar el partido más importante: el de su propia vida.

Y según quienes lo conocieron de cerca, lo jugó con la misma convicción con la que hablaba frente al micrófono Porque hay partidos que no se miden por el marcador del estadio, sino por la forma en que un hombre enfrenta el último silbatazo. Y en ese juego final, Sergio Gallardo dejó claro cómo quedaron las cosas: Fe: 1 Miedo: 0