Entre la fidelidad a los principios y la urgencia de evolucionar

Por Mario Pérez
Custodio Clase A de Alcohólicos Anónimos

Después de más de noventa años de existencia, Alcohólicos Anónimos enfrenta una pregunta inevitable: ¿cómo mantenerse fiel a su esencia en un mundo que cambia a una velocidad sin precedentes?

No creo que el futuro de AA dependa de una modernización radical que traicione sus principios. Pero sí de una adaptación inteligente a un mundo hiperconectado, diverso y científicamente informado.

El cambio ya está en marcha. Hoy existen reuniones virtuales disponibles las 24 horas, grupos híbridos y comunidades digitales que permiten que una persona en crisis reciba ayuda inmediata, sin importar el país o la hora. Esta presencia digital no sustituye la reunión presencial; la complementa. Amplía el alcance del mensaje.

Otro punto crucial es la evolución en la comprensión del concepto de “Poder Superior”. Para muchos miembros sigue siendo una experiencia profundamente religiosa. Para otros, representa la naturaleza, la conciencia colectiva o una dimensión espiritual no dogmática. Esta amplitud no debilita a AA; al contrario, lo hace accesible a creyentes, agnósticos y ateos por igual. El programa no es teología, es un camino de transformación personal.

Durante décadas se habló de una supuesta tensión entre AA y la ciencia. Hoy sabemos que no son campos opuestos. La neurociencia confirma que prácticas como la meditación, el inventario moral y la reparación de daños influyen en la neuroplasticidad del cerebro. Lo que AA llama “despertar espiritual”, la ciencia lo describe como reorganización de circuitos neuronales y construcción de nuevas redes de apoyo social.

El futuro no es confrontación entre espiritualidad y ciencia. Es colaboración.

La realidad que debemos revisar

Sin embargo, también debemos hablar con honestidad de los desafíos internos.

En algunos grupos persisten prácticas asociadas a lo que se conoce como “terapia de choque”: confrontaciones agresivas, uso de improperios y una interpretación extrema del concepto de egocentrismo. Históricamente, estos métodos se justificaron bajo la idea de que el alcohólico necesitaba firmeza contundente para reaccionar.

Es cierto que la recuperación requiere honestidad brutal. Pero honestidad no es humillación.

La psicología contemporánea ha demostrado que la destrucción de la autoestima no produce recuperación sostenible. La humildad es un principio espiritual; la humillación es una práctica dañina. Confundir ambas puede tener consecuencias graves.

Si un recién llegado entra a una reunión y percibe insultos o jerarquías basadas en quién impone más miedo, la atracción desaparece. Y recordemos que nuestra tradición fundamental habla de atracción, no de promoción ni imposición.

AA no puede permitirse perder su capacidad de atraer.

No cambiar los Pasos, sino la cultura

El futuro de Alcohólicos Anónimos no depende de alterar los Doce Pasos ni las Tradiciones. Depende de revisar la cultura interna en algunos espacios: más educación, más estudio de la literatura original, mayor comprensión de la salud mental y apertura a las ciencias de la conducta.

En su momento histórico, la confrontación fuerte pudo haber funcionado en ciertos contextos. Hoy entendemos que la adicción está profundamente vinculada al trauma, al aislamiento y a factores emocionales complejos. Las personas buscan recuperación integral, no maltrato.

Bill W. fue claro: el único requisito para ser miembro es el deseo sincero de dejar la bebida. No se menciona la capacidad de soportar insultos ni ambientes intimidantes.

AA ha sobrevivido guerras, cambios culturales y revoluciones tecnológicas porque ha sabido adaptarse sin traicionar su esencia. La pregunta no es si debe cambiar; la pregunta es si sabrá distinguir entre lo que es principio eterno y lo que es costumbre circunstancial.

La fortaleza de AA no está en gritar más fuerte, sino en escuchar mejor.

El futuro dependerá de nuestra capacidad para ser lo suficientemente flexibles como para cambiar lo que debe cambiarse, y lo suficientemente firmes como para preservar lo que no debe morir.

Y lo que no debe morir es el mensaje de esperanza.