Crónica | AE 503 Periódico Digital
Por Julio Rodríguez
La vida, a veces, se parece mucho a un globo.
Se infla con ilusión, se eleva con esperanza y, sin previo aviso, puede desinflarse lentamente o estallar en las manos. Mirna Chávez lo aprendió no en libros ni en discursos motivacionales, sino en la experiencia cruda de quedarse sin trabajo, con hijas que alimentar y un futuro que, por momentos, parecía quedarse sin aire.
En 2022, Mirna fue cesada de su empleo como secretaria. No hubo ceremonia de despedida ni promesas de regreso. Solo la realidad inmediata: dos hijas que dependían económicamente de ella —una de 10 años y otra de 6 en aquel momento— y un mercado laboral que, durante meses, le cerró las puertas una tras otra.

Durante seis meses, Mirna envió currículums como quien suelta globos al cielo: con fe de que alguno llegaría lejos. Pero la mayoría regresaban desinflados, devueltos por el silencio o la negación de potenciales empleadores. Marzo llegó sin respuestas. Abril también. Y con cada “no”, la presión en casa aumentaba.
“Habían hijos que mantener, habían hijos que pasar”, diría después, con esa mezcla de firmeza y cansancio que solo conocen las madres solteras.
Globos para recibir un año que no prometía nada
La conocí mientras trabajaba para un canal de televisión. El set se preparaba para darle la bienvenida al Año Nuevo 2023. Había globos por todas partes: colores brillantes, formas festivas, un ambiente de celebración.

La ironía era evidente.
Mientras el programa celebraba comienzos, Mirna inflaba globos para un año que, hasta ese momento, no le había prometido nada. Sus manos daban forma a arcos, centros y figuras, mientras su propia vida parecía estar en pausa, esperando no estallar.
Pero los globos también cuentan historias. Sus colores hablan del ánimo, su forma del cuidado, y su resistencia del equilibrio entre presión y paciencia. Mirna ya había visto demasiados globos romperse en su vida. Algunos se le desinflaron sin ruido; otros explotaron de golpe. Aun así, siguió inflando uno más. Y otro. Sin perder la esperanza de que alguno, finalmente, la llevaría lejos.
Reinventarse cuando las puertas se cierran
La globoflexia no fue un plan maestro. Fue una posibilidad.
Una amiga le enseñó el arte de trabajar con globos: primero centros de mesa, luego arreglos más complejos. Después vinieron el cartón, el material reciclable, las muñequitas africanas, los jarrones, las flores de papel. Aprendió arreglos florales con la paciencia de una maestra que entendió que no solo estaba formando una técnica, sino sosteniendo a una mujer que se negaba a rendirse.
Lo que antes era un talento escondido —decorar oficinas, ayudar en eventos— comenzó a tomar forma de emprendimiento. No porque fuera fácil, sino porque era necesario.

Mirna no se reinventó por moda. Se reinventó por supervivencia.
Fe, hijas y nuevas batallas
Como madre soltera, Mirna sacó adelante a dos mujeres que hoy son universitarias. Y ahora son ellas quienes la animan a seguir. El impulso se invirtió: la madre que sostuvo, ahora es sostenida por palabras de aliento y orgullo.

En medio de la incertidumbre, Mirna se aferró a un versículo que llama su “versículo de batalla”:
“Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias”.
Cuando lo cita, la voz se le quiebra. No por debilidad, sino por memoria. Porque, según dice, nunca se sintió abandonada. Su mayor testimonio fue ver a su hija mayor becada. Una señal de que, incluso cuando todo parece desinflarse, hay globos que resisten.
Soñar con un local, soñar con otras mujeres
Hoy, Mirna sueña con que su emprendimiento crezca. Con tener un local propio. Con generar empleo para otras mujeres como ella: madres, trabajadoras, luchadoras que un día se quedaron sin aire, pero no sin dignidad.

Darle la bienvenida al 2023 con globos fue más que un encargo. Fue una declaración silenciosa: aunque el año anterior la golpeó, ella seguía de pie, creando belleza con lo poco que tenía, inflando oportunidades donde antes solo había presión.
Volver a empezar también es un arte

Mirna Chávez es prueba de que volver a empezar, a cualquier edad, no es una barrera infranqueable. Es, como la globoflexia, un arte que requiere paciencia, cuidado y la valentía de volver a intentar, incluso después de que todo parezca haberse desinflado.
La vida es como un globo: puede elevarse alto o estallar en segundos. Pero mientras haya manos dispuestas a volver a inflar, siempre habrá esperanza de volar más lejos.
“No importa cuántos globos se te hayan desinflado en la vida; lo que define tu historia es cuántas veces decides volver a inflar otro.”
NOTA PARA APOYAR EL EMPRENDIMIENTO
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